27 de març 2015

La veritat profunda


Sempre és interessant llegir els articles de Josep Giralt dins d'Amores imaginarios, el seu blog a El País. En aquest apunt reflexiona sobre el compromís i la societat. Us en deixo tot seguit un petit fragment i l'enllaç a l'article original. La fotografia, des de l'enyorada Anantapur, també és seva.

Hace un par de semanas amanecí retorciéndome de dolor y completamente débil. Conseguí coger un taxi, pero al llegar al vestíbulo del hospital me derrumbé en el suelo como si me hubiese disparado de golpe el marine francotirador de Clint Eastwood. Al faltarme el aire, creí que se trataba de un infarto. Finalmente fue una gastroenteritis aguda, que me dejó igual de exhausto que si hubiese recorrido la maratón de Nueva York a pata coja. No fue nada grave, pero al despertar, estirado en una camilla y “recolocado” en fila india con otros pacientes, -sin más compañía que mi ropa en una bolsa de basura-, me di cuenta de que la vida debería ser otra cosa. Antes de caer, pude apreciar el recelo que provocaba mi lamentable estado. Sospecho que la gente pensó que llevaba encima una cogorza monumental al estilo Reina Madre de Inglaterra, o que simplemente me quedaban dos días.

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Llegir l'article sencer. 
 

23 de març 2015

La religió del consum


Val la pena llegir l'article La religión del consumo, d'Agustí Pániker. Us deixo un fragment i l'enllaç a l'article sencer:

El sistema económico actual se sostiene en una trampa fatal: el deseo. Incide en una ansiedad, anhelo o vacío que –así funciona el cebo– deseamos colmar llenándolo de objetos, propiedades, productos, estatus o riqueza. Estamos enganchados al deseo. 

De ahí la obsesión por el dinero de nuestra sociedad. Se nos asegura que con dinero –o poder o fama– uno puede satisfacer todo aquello que desee. Y que al satisfacer nuestros deseos seremos más felices. Los publicistas saben explotarlo. Insinúan que comprando tal automóvil, utilizando tal perfume o contratando tal compañía de telefonía podremos autorrealizarnos como seres humanos y alcanzar, al fin, el estatus que nos corresponde. 

En cualquiera de los casos damos vueltas sobre una misma patraña: el dinero simboliza la felicidad. Colmar los deseos significa estar pleno y satisfecho. Consumir es un placer. Pero no hace falta ser muy sabio para darse cuenta de la falacia. De hecho, cualquier madre o padre de este eón cósmico que nos ha tocado vivir lo comprueba casi a diario con sus propios hijos. La criatura nos pide le compremos el juguete o la golosina. Le mueve el deseo por el objeto. Más incluso que el objeto. Pero una vez alcanzado, el deseo se desvanece; porque todo es impermanente y efímero, como bien vislumbró el Buda. Así que el niño desplaza su ansia a un nuevo objeto del deseo. 

Ya que hemos citado al sabio de Lumbini, recordemos que el Buda identificó el deseo (con la metáfora de la “sed”) como la causa y origen de nuestra enfermedad: duhkha; es decir, la insatisfacción, el sufrimiento, la alienación, la frustración… el malestar inherente a la condición humana. Hoy, su análisis sigue siendo tan fino y vigente como hace 2.500 años. Es más, creo que nos hallamos frente a una verdadera pandemia. 

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Fotografia: Daniel Lobo @ Flickr

15 de març 2015

El saber no es distinto del soñar


El saber no es distinto del soñar, el soñar del hacer. La poesía ha puesto fuego a todos los poemas. Se acabaron las palabras, se acabaron las imágenes. Abolida la distancia entre el nombre y la cosa, nombrar es crear, e imaginar, nacer.

Octavio Paz (Un poeta, Poesía en movimiento: México, 1915-1966)

Foto: flors de lotus a Lepakshi (Andhra Pradesh, India)