17 d’abr. 2015

Educació i sentit de la vida. Llegint Krishnamurti


He estat llegint La educación y el significado de la vida de Jiddu Krishnamurti (Ed. Orión 1993). És un llibre petit on Krishnamurti, més conegut per la filosofia i l'espiritualitat, reflexiona en aquest cas sobre l'educació. És una obra escrita l'any 1953 però plenament vigent.

Avui en dia hi ha "Escoles Krishnamurti" per tot el món, però ell mai va proposar cap mètode, i de fet estava en contra de les escoles fonamentades en mètodes i en teories de l'aprenentatge, així que sobta que hi hagi escoles amb aquesta etiqueta. Una escola Montessori, o una escola Waldorf, segueixen mètodes concrets, però una escola Krishnamurti està (o hauria d'estar) fomentada en una concepció de l'educació molt especial (molt radical, també), lliure de tot temor, sense autoritat, i integradora en el sentit més profund de la paraula.

Potser el millor és compartir alguns dels molts fragments que he subratllat. Per llegir amb calma.

  • Comprender la vida es comprendernos a nosotros mismos y esto es conjuntamente el principio y el fin de la educación.
  • La función de la educación es crear seres humanos integrados, y por lo tanto, inteligentes. Podemos adquirir títulos y ser eficientes en el aspecto mecánico sin ser inteligentes. La inteligencia no es mera información; no se deriva de los libros ni consiste en la capacidad de reaccionar hábilmente en defensa propia o de hacer afirmaciones agresivas. Uno que no haya estudiado puede ser más inteligente que un erudito. Medimos la inteligencia en términos de títulos y exámenes y hemos desarrollado mentes astutas que esquivan los vitales problemas humanos. Inteligencia es la capacidad para percibir lo esencial, lo que «es» y educación es el proceso de despertar esa capacidad en nosotros mismos y en los demás.
    La educación debe ayudarnos a descubrir valores permanentes para que no nos conformemos meramente con fórmulas y lemas. La educación nos debe ayudar a demoler barreras sociales y nacionales en lugar de reforzarlas, porque estas crean antagonismos entre los hombres. Desgraciadamente el actual sistema de educación nos torna seres serviles, mecánicos y profundamente irreflexivos. Aunque nos despierta el intelecto, interiormente nos deja incompletos, estúpidos, incapaces de crear.
  • Seguir una autoridad es la negación de la inteligencia. Aceptar la autoridad es someternos al dominio, subyugarnos a un individuo, a un grupo o una ideología, ya sea religiosa o política; y este sometemiento de uno mismo a la autoridad es la negación, no sólo de la inteligencia, sino también de la libertad individual. La sumisión a un credo o a un sistema de ideas es una reacción de protección propia. La aceptación de una autoridad puede ayudarnos temporalmente a disimular nuestras dificultades y problemas; pero el evadir un problema sólo sirve para intensificarlo, y en este proceso la autocomprensión y la libertad se abandonan.
  • La educación moderna, al desarrollar el intelecto, imparte más y más teorías y datos, sin realizar la comprensión del proceso total de la existencia humana. Somos altamente intelectuales; hemos desarrollado mentes sagaces, y estamos enredados en explicaciones. El intelecto se satisface con teorías y explicaciones; pero la inteligencia no; y para entender el proceso total de la existencia, debe haber integración de la mente y el corazón en las acciones. La inteligencia no puede estar separada del amor.
    Para la mayor parte de nosotros, la realización de esta revolución interna es extremadamente difícil. Sabemos meditar, tocar el piano, escribir; pero no conocemos al meditador, al pianista o al escritor. No somos creadores porque hemos llenado nuestras mentes y corazones de conocimiento, de información y de arrogancia. Estamos repletos de citas que otros han pensado o dicho. Pero el acto de vivencia viene primero; no la manera de «vivir». Debe haber amor antes de que exista la expresión del amor.
  • Educar al educador es decir, hacer que se entienda a sí mismo es una de las empresas más difíciles, porque la mayor parte de nosotros estamos ya cristalizados dentro de un sistema de pensamiento o dentro de un molde de acción; nos hemos dado ya a una ideología, a una religión, o a una norma determinada de conducta. Por eso enseñamos al niño qué pensar y no cómo pensar.
  • Para el verdadero maestro, la enseñanza no es una técnica, es su forma de vida; como un gran artista, primero se moriría antes que abandonar su trabajo creador. A menos que uno tenga este ardiente deseo de enseñar, no debe ser maestro. Es de suprema importancia descubrir por sí mismo si se tiene este don, y no meramente flotar a la deriva en esta profesión porque es un medio de ganarse la vida.